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lunes, 13 de Julio de 2009

El Chevrolet Corvette Grand Sport, by P.R.I.C.A.

Tras un largo paréntesis (el último artículo fue dedicado al Shelby Cobra Daytona, allá por el mes de abril), la P.R.I.C.A. reanuda su labor divulgativa de esas joyas de la automoción que en su día se crearon en los USA y que disponen hoy de su réplica en slot.

Uno de los modelos clásicos americanos más logrados de Revell/Monogram es, sin duda, el Chevrolet Corvette Grand Sport, o sea, éste.

Pese a ser un modelo que nunca ganó un campeonato mundial, y cuyo mejor resultado en una carrera de renombre fue la victoria dentro de su categoría en las 12 Horas de Sebring en 1964, un aura de leyenda rodea a este clásico, imprescindible para cualquier amante de los coches U.S.A. A su status de mito han contribuido dos factores:

  • primero, los grandes pilotos que alguna vez corrieron con él: Jim Hall, Roger Penske, John Cannon, Dick Thompson, A.J. Foyt o Don Yenko, entre otros.
  • el segundo motivo es su curiosa historia, pues fue el fruto de los esfuerzos del Departamento de Competición de Chevrolet, que lo desarrollaron casi en secreto, hasta la definitiva cancelación del Proyecto por orden directa del entonces Presidente de la General Motors.

Si disponéis de un rato libre (hay materia para leer), la Plataforma para la Reproducción Inmediata de Coches Americanos (P.R.I.C.A.) os ofrece gustosa su historia.

Los Gran Turismo vivieron su época dorada a comienzos de la década de los '60, cuando los Sport-Prototipos entraron en crisis y la CSI les atribuyó el Campeonato del Mundo de Marcas en 1962 y 1963: Ferrari, Jaguar, Aston Martin, Porsche o Ford, entre otros, se enfrentaron entre sí con algunos de los coches más espectaculares jamás construidos.

Sin embargo, en Estados Unidos estaba vigente la resolución de 1957 de la American Manufacturers Association (AMA), que prohibía a las marcas nacionales implicarse oficialmente en competición. Y aunque al principio los tres grandes fabricantes (Ford, General Motors y Chrysler) acataron la prohibición, desde 1960 Ford y Pontiac trabajaban más o menos en secreto en programas de competición, y en junio de 1962 Ford y Chrysler anunciaban abiertamente que ignorarían la prohibición de la AMA y desarrollarían programas deportivos.

En Chevrolet, el ingeniero jefe de origen ruso Zora Arkus-Duntov y su equipo trabajaban desde finales de los 50 en el rediseño que daría lugar a la segunda generación del Corvette, el llamado Sting-Ray, que fue finalmente producido entre 1963 y 1967. En 1957, Bill Mitchell comenzó participando en Sebring con el SS Racer, y en carreras de la SCCA (Sports Car Club of America) con un roadster que prefiguraba la nueva carrocería, denominado "Sting Ray Racer".

En la foto, el SS Racer en Sebring en 1957

El Sting Ray Racer de 1959

Todo en aquel prototipo, chasis corto, motor V8, suspensiones independientes y hasta una carrocería de línea depurada fabricada en fibra y desarrollada en un primitivo túnel de viento, anunciaba que la nueva generación del Corvette nacería con clara vocación deportiva.

Con la mente puesta en el objetivo de batir a los AC Cobra desarrollados por Carroll Shelby usando mecánicas de origen Ford, Arkus-Duntov y su equipo tomaron como base el nuevo Sting Ray, construyeron un chasis tubular con muchos elementos en aluminio, y acoplaron a él una carrocería de fibra hecha a mano, más ligera que la de serie y con algunas modificaciones aerodinámicas centradas sobre todo en los aletines, tomas de aire y faros, consiguiendo finalmente un peso total de solo 900 kgs. Además, el Grand Sport contaba con suspensiones más rígidas, cuatro frenos de disco y anchas llantas Hallibrand de magnesio.

El plan inicial era ceder los coches a destacados pilotos independientes que pudieran participar con éxito "sin" el apoyo oficial de General Motors. Para poder competir en condiciones, Chevrolet debía producir un mínimo de 100 unidades y obtener así la homologación de la FIA, proyectándose construir 125 unidades. Tras unas sesiones de prueba en el circuito de Sebring en diciembre de 1962, el proyecto había llegado a oídos del Vicepresidente de GM, Ed Cole, y del Dtor. General de Chevrolet, Bunkie Knudsen, que lo apoyaron tácitamente. Pero cuando Frederic Donner, a a sazón Director General de General Motors, supo de las intenciones de Markus-Duntov, detuvo en seco la fabricación de esas 125 unidades.

Para ya habían sido construidos cinco prototipos, incluso algún estudioso como William Jeanes sostiene que hubo un sexto Corvette GS. Por eso, pese a la cancelación de su proyecto, Zora Arkus-Duntov acudió con tres Corvette GS a Daytona en 1963, donde rodaron 10 segundos más rápidos que los nuevo AC Cobra de Shelby. En su debut en competición, los Chevrolet Corvette Grand Sport montaban el "small block" de 327 pulgadas cúbicas (5.230 cc) de inyección, que rendía 360 CV. En la Speed Week of Bahamas, a finales de 1963, los Corvette GS fueron nuevamente inscritos por un equipo privado, pero dotados de otro motor fabricado totalmente en aluminio de 377 c.i. (6 litros), alimentados por carburadores Weber y con 550 CV de potencia: Dick Thompson y Jim Hall abandonaron en la carrera de la Nassau Tourist Trophy, pero Roger Penske acabó tercero en la Governor's Cup, con Pabst quinto y Thompson sexto. Una semana más tarde Dick Thompson lograría el cuarto puesto en el Nassau Trophy.

El Corvette Grand Sport en la parrilla de salida de su primera competición internacional, en el G.P. de Bahamas de 1963

Durante los meses siguientes, los Corvette GS fueron profundamente modificados, equipando indistintamente "small" o "big blocks" incluso transformando en algunos su carrocería en roadster. Dos descapotables disputaron Daytona en 1964, tres coupés serían inscritos en las 12 Horas de Sebring de ese año, con Roger Penske y Jim Hall pilotando el nº 4, y nuevamente en Nassau, en diciembre de 1964, Penske ganaría la carrera de GT's por delante del AC Cobra de Miles y del Ford GT40 de Hill, consiguiendo el doblete en el Nassau Tourist Trophy al terminar por delante de dos Ferrari 250 LM.

triunfos colmarían el vaso de la paciencia de los directivos de Chevrolet y General Motors, que ordenaron la inmediata desmantelación del departamento de competición y la venta de las cinco unidades construidas. Dos GS descapotables fueron a manos de Roger Penske, que vendió inmediatamente uno a George Wintersteen. Un coupe fue adquirido por Jim Hall y los dos restantes los compró el Mecom Racing Team. Incluso los moldes y utillaje fueron enajenados a la Ohio Corvette Company, que a título privado construiría 124 Corvette Grand Sport, de los 12 serían roadster. Ford tendría así el camino libre para obtener todos los laureles en carreras de resistencia en los siguientes años.

Uno de los Corvette GS coupé, visto recientemente en un meeting de vehículos históricos en Goodwood.

Uno de los roadster

Centrándonos ya en la reproducción que hace Revell, el fabricante de slot presta toda su atención a los coupés, reproduciendo con gran acierto estas cuatro decoraciones:

El pilotado por Jam Hall, John Cannon y Augie Pabst con el nº 65 en la Week Speed of Nassau de 1963, que alcanzó el 5º puesto por Pabst en la Governor's Cup:

El que participó en las 12 horas de Sebring de 1964, con el nº 2:

El Corvette Grand Sport con bastidor 005 y dorsal 67, pilotado por Roger Penske y Jim Hall en septiembre de 1964 en la carrera Road America 500, donde consiguió el tercer puesto de la clasificación general, que se vende como edición limitada en caja de cartón lujosamente decorada:

Y el mismo automóvil, vendido por Roger Penske a George Wintersteen y pilotado por éste último en las 12 horas de Sebring de 1965, donde obtuvo el segundo puesto de su categoría:

Las fotos hablan por sí solas del acertado molde, que recoge a la perfección las formas y proporciones de la carrocería; del gran nivel de detalle, con infinidad de rejillas, tomas de ventilación y piezas independientes, como limpiaparabrisas cromados, tubos de escape y hasta las manijas de las puertas; y de la calidad de terminación de los coches, cuya tampografía y pintura resultan irreprochables. El interior no se queda atrás, con espejo retrovisor interior, relojes tampografiados y un bien realizado piloto de cuerpo entero. El chasis, que se sujeta a la carroccería mediante cuatro tornillos situados en los exremos delantero y trasero, es algo más convencional, y nos recuerda vagamente a los chasis de Carrera, al ser realizado a dos alturas, con la parte central más baja, y, sobre todo, por el imán desplazable, y cuenta como mayor detalle los escapes a ambos lados.

Una comparación entre el coche real y su réplica hecha por Revell nos ilustra mejor sobre el acierto de los modelistas, que aproximan el coche al nivel de las maquetas estáticas.

Es en el apartado dinámico donde estos coches flojean más: el motor situado en posición longitudinal delantera ataca la corona a través de un largo cardán, disposición que hace delicada la conducción deportiva sin imán. Por su parte, los neumáticos son relativamente estrechos (se trata de un clásico, al fin y al cabo), rallados, altos y de una goma bastante dura al tacto, así que no prometen gran agarre. El imán de neodimio tiene suficiente potencia para mantener al coche agarrado al raíl, haciendo la conducción relativamente fácil, siempre que no se tomen las curvas con demasiada alegría, pero el pequeño motor Mabuchi tiene poco freno, así que hay que dejar de acelerar bastante antes de llegar a las curvas.

En resumen, son coches más orientados a la vitrina que a la pista, aunque siempre es una gozada verlos evolucionar en ésta.

Personalmente, reúno hasta la fecha tres de los cuatro Corvette GS de Revell, siendo el dorsal nº 2 el mas común, y bastante menos vistos los tres restantes.

Como curiosidad, puede compararase este Corvette Grand Sport con el Corvette Sting-Ray de Carrera: las diferencias entre uno y otro eran las mismas existentes en escala 1:1 entre los Corvettes convencionales y la carrocería aligerada de los Corvette GS:

Disculpad por lo extenso del reportaje pero creo que habrá merecido la pena llegar hasta el final.

NOTA: P.R.I.C.A Plataforma para la Reproducción Inmediata de los Coches Americanos

Este conjunto de aficionados al slot saluda la proliferación de repercusiones al slot de los más significativos representantes. Una segunda parte de este artículo hablará de ellas.

lunes, 20 de Abril de 2009

Shelby Cobra Daytona 2ª parte

Tras presentar las características e historia deportiva del Shelby Cobra Daytona Coupe, hora es de centrarnos en las magníficas reproducciones que el fabricante Revell/Monogram hizo en el año 2003 de este extraordinario automóvil, siendo el primer modelo elegido para su reentrada en el mundo del slot, tras años de ausencia.

Esta plataforma sostiene que cualquier amante de los clásicos y de la competición histórica debe agradecer que exista un fabricante como Revell, empeñado en recuperar para la vitrina o para jugar en la pista (según la elección de cada aficionado) vehículos tan significativos como éste, a los que hacen compañía los Shelby Mustang GT, los Chevrolet Corvette Grand Sport, los Porsche 550 spyder o los Jaguar E-Type, entre otros muchos ejemplos. La elección del Shelby Cobra Daytona Coupe como modelo a reproducir no es extraña, si se tiene presente que Revell/Monogram tiene una trayectoria histórica comparable a marcas como Cox, Eldon o Stormbecker, fabricantes con quienes se disputaba el mercado juguetero allá por los años 60, y gusta de imprimir a todas sus creaciones un sabor añejo, imperecedero, que se percibe desde la misma funda de cartón que envuelve a la caja de metacrilato (con esa fotografía de fondo de las gradas de un circuito) hasta la elegante peana sobre la que se fija el coche.

Otro factor que cualquier coleccionista debería reconocer con gratitud es la (loable) ausencia de explotación del molde por parte del fabricante, que nos evita reiteradas y cansinas decoraciones dirigidas a exprimir el bolsillo del aficionado. Probablemente sea el resultado de la propia elección del modelo, del que solo se construyeron seis unidades en la realidad, pero, sea como fuere, Revell limita al (muy abarcable) número de cuatro las decoraciones ofrecidas hasta la fecha:

Con la Rfa. 08351, el CDC con el dorsal #5#, ganador de las 24h de LeMans en 1964, pilotado por Dan Gurney y Bob Bondurant:

Con la Rfa. 08352, el CDC con el dorsal #13#, vencedor en Daytona en 1965, pilotado por Jo Schlesser y Hal Keck:

Con la Rfa. (americana) de Monogram85-4860, el CDC ganador de la prueba de las 12h de Sebring de 1965, con Bob Bondurant y Jo Schlesser al volante. Este modelo viene en una lujosa caja de coleccionista, y fue comercializado como una edición limitada de 6.000 unidades:

Por último, la Rfa. Monogram (en USA) 85-4853, que reproduce el CDC pilotado por Bob Bondurant y Jochen Neerspasch con el dorsal #54# que ganase en la clase GT en Nurburgring en 1965, quedando en el séptimo puesto absoluto:

Afortunadamente para mí, reúno en mi colección los cuatro modelos, que lucen juntos así de bien:

En previos análisis que la P.R.I.C.A. ha realizado de modelos de Revell, hemos destacado los excelentes y bien proporcionados moldes, la profusión de detalles tanto en el interior como en el exterior y el inmejorable acabado, con una pintura perfecta y una tampografía irreprochable. Pues bien, nuestro protagonista no solo no es una excepción, sino que por ser el primero podríamos decir que implantó los altos estándares de calidad de reproducción a que nos tiene acostumbrados este fabricante.

Ya sea en el color azul pálido del ganador de LeMans de 1964, o en el más oscuro azul eléctrico de los tres restantes modelos, la pintura está perfectamente aplicada, sin grumos ni "piel de naranja". Por su parte, la tampografía es nítida, no transparenta el color de la carrocería y aún en los sponsor más pequeños, es perfectamente legible, como puede apreciarse en la placa de matrícula trasera:

(los Cobra Daytona Coupe de Revell: perfecto acabado y todo un festival de detalles)

A pesar del gran parecido en la decoración de unos y otros, pueden observarse algunas diferencias entre ellos, además de los obvios dorsales distintos, como en la decoración de la parte trasera, en las llantas, y en la mayor o menor profusión de sponsor (nula en el #5# de LeMans 1964, casi inexistente en el #54# de Nurburgring 1965, y más abundante en el #13# de Daytona y en el #15# de Sebring). El gran parecido entre estos dos últimos (ambos con llantas pintadas de blanco) se debe a que se trata en realidad del mismo coche (el chasis CSX2299), pero con algunos patrocinadores más en la carrera de Sebring.

Del acierto del molde no puede dudarse, bastando comparar fotografías del modelo real y de su reproducción en slot para comprobar cómo los modelistas de Revell han sabido captar a la perfección las sinuosas formas del modelo 1:1 y su curiosa forma truncada en la zaga:

(Modelo a escala y original frente a frente: las proporciones del coche de slot son perfectas)

Aunque por su largo morro y sin otro vehículo al lado que le sirva de referencia, el CDC parece más grande de lo que es, el vehículo solo mide 130 mm, lo que a escala 32 veces mayor se traduce en 4,16 mts, calcando prácticamente el tamaño real del modelo 1:1. Su peso se fija en unos 85 gramos (mi báscula no es de precisión colorao ), lo que no es excesivo, pero tampoco muy ligero, si tenemos en cuenta lo pequeño del coche.

La carrocería es un verdadero festival de detalles, reproduciendo cada toma de aire, los tirantes laterales que sujetaban el capó, los faros carenados y un sinfín de pormenores, destacando como piezas independientes en el exterior el limpiaparabrisas, los tubos de escape laterales dobles y el cromado tapón de llenado del depósito, situado en la aleta trasera derecha. La exquisita ejecución de las ventanillas, con su abertura corredera dentro del cristal y las tomas ttraseras de aire en plexiglás para facilitar la ventilación del coche dan la justa medida del mimo con que ha sido fabricado. Por su parte, llantas y neumáticos no desentonan del conjunto: sean de color aluminio o pintadas de blanco, están exquisitamente reproducidas, con todos sus huecos de ventilación y la tuerca central de palometa, al igual que los neumáticos, disímiles en tamaño tal y como sucede en el vehículo original (son más grandes y anchas las gomas traseras), que llevan tampografiadas la marca del fabricante (Goodyear) y una fina línea decorativa azul.

(Detalle de las llantas y neumáticos)

Puestos a sacar algún defecto, se echan en falta los derivabrisas de plexiglás situados en los marcos anteriores de las ventanillas (francamente frágiles si se instalasen en el coche de slot), y es también criticable el hueco donde está situado el tapón de llenado del depósito, que era algo más grande y profundo en el modelo 1:1.

¿Y qué decir del interior? El excepcional nivel de detalle prosigue aquí, donde en una bandeja completa que puede desmontarse de la carrocería para hacerla pieza independiente, hallamos un bien proporcionado piloto de cuerpo entero, dos asientos individuales, un tablero completo con toda la instrumentación tampografiada, volante, espejo retrovisor interior, palanca de cambios y extintor, con un arco de seguridad antivuelco tras de los asientos y hasta una rueda (real) de repuesto sobre la bandeja trasera: no se puede pedir más ...

El detalle llega hasta el rostro del piloto, tocado con un clásico casco y con los iris de los ojos pintados, que juraría guarda cierto parecido con Dan Gurney:

(Abajo, el ganador de la prueba de LeMans en 1964 en la clase GT, Mr. Dan Gurney. Arriba su alter ego a escala 1:32)

Dejemos de recrearnos en los aciertos estéticos del fabricante para pasar a examinar las tripas de nuestro coche. La carrocería se sujeta al chasis mediante cuatro tornillos situados en los extremos delantero y trasero del automóvil. Los tornillos traseros sujetan además una pieza de carrocería correspondiente a la zaga del bólido, por lo que no pueden ser aflojados so pena de permitir que la pieza "baile" y roce con las ruedas traseras. En suma, de basculación no andamos precisamente bien. bronca

Visto desde el exterior, el chasis nos recuerda vagamente a uno de Carrera, sobre todo por el imán deslizable.

La guía, aunque dotada de un buen margen de giro lateral y un aceptable retorno o autocentrado, se encuentra quizás algo retrasada, haciendo que la batalla (distancia de la guía al eje trasero) sea de tan sólo 78mm. Descubriendo su interior, y como ya anunciara la visión del chasis desde abajo, nos encontramos con un motor situado en la parte delantera en posición longitudinal, que ataca la corona a través de un largo cardán, calcando así la disposición mecánica del modelo 1:1. Vemos, pues, que Fly no es la única marca que tiene esta manía.

(Arriba: despiece de la carrocería tras separarla del chasis. Abajo: colocación del motor y su engranaje a la transmisión)

Piñón y corona están realizados en material plástico y engarzan sin holguras. Del motor de caja corta, tipo Mabuchi, no he podido encontrar información alguna sobre su rendimiento, pero por la agilidad con que mueve el coche, es de suponer que no será inferior a 18.000 rpm.

Vamos con el comportamiento del coche:

éste es seguramente el punto más flojo de esta reproducción, pues todas sus características tienden a perjudicarlo (guía retrasada, vías estrechas, motor en posición delantera). De la mecánica lo mejor que se puede decir es que es de funcionamiento silencioso, y que nos ahorra los molestos crujidos y chirridos de otros fabricantes, lo que probablemente se deba al excelente ajuste de la transmisión y a la firme sujeción de la mecánica al chasis. El agarre de los neumáticos, rallados y no muy anchos, es bueno cuando cogen temperatura. Con el imán puesto y en su posición más retrasada, el coche se muestra rápido (aunque no rompe cronos) y seguro, con más tendencia al subviraje (hace rectos) que al sobreviraje (derrapadas con la trasera), y conviene tomar las curvas con calma. Sin imán el coche es otra historia, aunque no es completamente ingobernable. En tal modo de uso, es recomendable suprimir la rueda de repuesto, que supone un peso extra a gran altura, elevando el centro de gravedad del vehículo y perjudicando (aún más) su comportamiento.

El Shelby Cobra Daytona Coupé de Revell es, en resumen, una maravillosa reproducción de un gran GT clásico, asociadoa nombres tan evocadores como LeMans, Sebring o Daytona, que nos trae el recuerdo de tiempos pasados y nos hace imaginar el olor a gasolina y grasa en el pit lane y el rugido de aquellos motores. Quizás nos de cierta prevención hacerlo correr en la pista de casa y es casi inimaginable encontrarlo en un club, pero en mi opinión no debería faltar en ninguna vitrina.

Jorge Luis

NOTA: P.R.I.C.A Plataforma para la Reproducción Inmediata de los Coches Americanos

Este conjunto de aficionados al slot saluda la proliferación de repercusiones al slot de los más significativos representantes. Una segunda parte de este artículo hablará de ellas.

miércoles, 2 de Julio de 2008

1979 Camel GT 12 Hours of Sebring: "Miss Budweisser"

1979 Camel GT 12 Hours of Sebring (by URY914)

El equipo formado por Bonnie Henn, Lyn St James y Janet Guthrie con su Ferrari 365 GTB/4 Daytona de Preston Henn, "Miss Budweisser" quedó en 17ª posición tras completar 194 vueltas, solo precedido por 15 Porsche y un Mazda RX-7 en las 12 Horas de Sebring celebradas el 17 de Marzo de 1979 dentro del calendario IMSA.

1979 Camel GT 12 Hours of Sebring (by URY914)

1979 Camel GT 12 Hours of Sebring, originalmente cargada por URY914.

Brian Redman entrevista a Janet Guthrie en la mañana previa a la carrera.

1979 Camel GT 12 Hours of Sebring (by URY914)

Fotos de URY914.

La historia de del Ferrari 365 GTB/4 #13367 es bastante curiosa: el primer propietario fue el americano, nacido en Le Mans, Harry Jones, que inscribió el coche en la edición de 1974 de la mítica carrera. Como copiloto estaba Marcel Mignot, que era un instructor de pilotos del ACO. Con el dorsal #57 el coche acabó la carrera en la 16ª posición, noveno en su categoría tras recorrer 267 vueltas.

El coche fue seguidamente inscrito en Sebring en 1975, con los mismos pilotos. Aunque no estaba a la altura de la cabeza, el coche era fiable y fue noveno al final.

Regresó dos años mas tarde con Harry Jones y Michael Keyser. Empezaron en la posición 29ª y se retiró después de 66 vueltas con un fallo de transmisión.

El coche fue vendido a Preston Henn, que lo inscribió de manera episódica en el campeonato IMSA. Preston Henn lo pilotó en The Daytona Finale 1977, pero abandonó después de 12 vueltas.

Henn77

foto Copyright Dave Kutz

Dos meses más tarde en las 24 Horas de Daytona. Preston Henn, Hal Sahlman y Sandy Satullo acabaron la carrera de la manera habitual con un accidente en la vuelta 502. Fueron clasificados como 27º.

El coche no compitió de nuevo hasta la carrera que nos ocupa, Sebring 1979. Fue repintado para acocodar un nuevo sponspor. Bautizado 'Miss Budweiser', el coche se presentó con un equipo femenino. Bonnie Henn, Janet Guthrie y Lyn St James obtuvieon como hemos dicho un buen resultado 17º. El coche no participó en ninguna otra carrera.

lunes, 12 de Noviembre de 2007

Mujeres Piloto: Janet Guthrie

En 1977, Janet Guthrie fue la primera mujer en clasificarse para las 500 millas de Indianapolis, tan solo seis años después de que el circuito permitiera mujeres en el área de garajes y asistencia.

Janet Guthrie

Indianapolis 500, 1977

La mayor parte de sus participaciones en Indy fueron en bólidos que se inscribían únicamente para rellenar la parrilla, pero los registros que consiguió con ellos, 9ª en Indy500 en 1978 y 5ª en Bettenhausen 200 Milwaukee en 1979, cuarta en clasificación detrás de A.J. Foyt, Danny Ongais, and Johnny Parsons, en Pocono 500, 1979 es una muestra de su verdadera determinación como piloto.

Indianapolis 500, 1977

Los pilotos contra los que compitió eran los que ahora son considerados los verdaderos maestros de la era clásica de los monoplazas americanos: los hermanos Unser, Foyt, Andretti, Johncock, Sneva.

Indianapolis 500 1978

Fue asimismo la primera mujer en liderar una carrera Nascar, en donde tuvo una participación importante en 1977, entrando en 19 carreras y acabándolas todas. Vencedora en su categoría en dos ediciones de las 12 horas de Sebring, primera mujer en obtener honores en su debut en Daytona 500. Venció en la New York 400 disputada en Bridgehampton, en 1971 con un Camaro, y acabó la carrera en 9 ediciones consecutivas de 24 Horas de Daytona , 12 horas de Sebring, y Watkins Glen 500 .....

Indianapolis 500 1978

Su carrera estableció el baremo por el que iba a medirse a la siguiente generación de mujeres. Pero sin ella, y sin el constructor y lider de equipo Rolla Vollstedt, las participaciones de Lyn St James, Sarah Fisher e incluso Danica Patrick y Milka Dunno habrían tenido mayores dificultades o no habrían llegado jamás.

Indianapolis 500 1979

Indianapolis 500 1979

Mario Andretti, era uno de los fans de Janet. En 1977 declaró al Washington Star: "Tiene una buena cabeza sobre sus hombros. Pienso que ha hecho un gran trabajo. He visto muchos chicos que han tenido más problemas en Indy que los que ella ha tenido, desde el punto de vista de pertenecer a la carrera. Cualquiera que diga que ella no cabe, simplemente se siente amenazado."

Nació en Iowa City, Iowa, el 7 de Marzo de 1938, pero su familia se desplazó a Florida cuando tenía tres años. Graduada por la University of Michigan en 1960 con un B.Sc. en Física, empezó a trabajar para Republic Aviation de Farmingdale, New York, como ingeniero de investigación y desarrollo, en proyectos preliminares al Proyecto Apollo. En 1964 presentó su candidatura al primer programa para científicos astronautas y pasó el primer ciclo de eliminaciones.

Su primer coche de carreras fue un Jaguar XK 120 cupé, y con el compitió en diversas carreras de obstáculos y subidas en cuesta. Le siguió un Jaguar XK 140 para competir en carreras Sports Car Club of America (SCCA). En 1972 se convirtió en piloto a tiempo completo, preparando sus propios coches

Sin la ayuda de la propietaria de equipo Lynda Ferreri y el esponsor Kelly Girl, la primera agencia de empleo temporal dedicada a la colocación femenina, sus habilidades y logros nunca habrían visto la luz en NASCAR.

El casco y el mono de Janet están en la Smithsonian Institution, y fue de las primeras deportistas incluidas en el Women’s Sports Hall of Fame. En 2006, fué inlcuida en el International Motorsports Hall of Fame

Para entender su trayectoria, su determinación en lo que hizo y el éxito que consiguió en un medio en el que tantos son los que fracasan, es imprescindible leer su autobiografía:

Janet Guthrie: A Life at Full Throttle

Sport Classic Books, 2005. 398 p

Janet Guthrie: A Life at Full Throttle debería ser de lectura obligatoria para cualquier piloto que quiera llegar a lo más alto, sea hombre o mujer. Para encontrar lo que es necesario, además de mucho más, no dejéis de leer el el libro. Vale todo lo que cuesta para entender una auténtica pionera.

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